JESUITAS ARAGÓN


Un Quijote a lo divino
JESUS ROYO SÁNCHEZ SJ, Historia de Nazaret “40 años de Historia en Alicante", Parte I: 1957-1977, “Un Quijote en Alicante”, semblanza del P. Fontova y su obra, Ayuntamiento de Alicante, Alicante 1996, pp.24-31.

Nació Francisco Javier Fontova Santallucia en Algerri (Lérida) el 7 de octubre de 1907. Hijo de familia campesina, en, cuyo seno aprendió a experimentar la vida austera y el amor a los pobres. En sus últimos momentos el P. Fontova nos hablaba en catalán y se emocionaba con la visita de sus hermanos venidos desde la “casa pairal”. Sentía un gran amor por su padre al que nombraba siempre con un cariño infinito.
Hizo los estudios eclesiásticos en el seminario de Lérida, desde 1919 hasta 1931 y fue ordenado sacerdote el 14 de junio de 1931. Desde el primer momento de su sacerdocio quiso trabajar en obras sociales. A ellas se dedicó hasta que entró en la Compañía de Jesús el 5 de octubre de 1935, año en que marchó a Roma. Completó sus estudios en Italia: Humanidades del 37 al 39 y Filosofía del 39 al 41, en Bolengo y Avigliana respectivamente.
Vuelve a España y completa sus estudios de teología en Barcelona, de 1941 al 43, en el teologado de Sarriá donde alterna los estudios con las actividades pastorales en los suburbios.



Hizo su Tercera Probación en Gandia. Desde el año 1942 hasta 1948 trabajó en Huesca como Director de la Congregación y Padre Espiritual del Seminario. En 1949 es trasladado a Alicante como Director de la Congregación Mariana y Párroco de Santa María.
Así cuenta su destino a Huesca: “El P. Provincial me comentó que estaba pensando este destino para mí. Yo le pedía mientras tanto al Señor que me quedase en Barcelona, pues había creado una parroquia que deseaba continuar; la labor hacia los obreros era inmensa. El señor Obispo quería nombrarme Director de la JOC y de la causa obrera de la diócesis de Barcelona. Pero la respuesta del Provincial fue: “imposible. Te necesito para que vayas a Huesca y si puedes viajar mañana, mejor”. Así dejé mi primera ilusión en manos de Jesús. Allí se interrumpió la idea que había de madurar y hacer explosión en Alicante”.
Física y temperamentalmente el P. Fontova tenía en efecto algo de Quijote. Su complexión era fuerte, sus ademanes eran enérgicos, reflejo de su espíritu dinámico y esforzado. Su alma se reflejaba a través de sus ojos vivos y expresivos, como de niño, agrandados por los gruesos cristales de las gafas, debido a los graves problemas de vista que terminarían en una operación de cataratas. Su rostro era curtido, como el de un payés, pero al mismo tiempo esbozaba con frecuencia una sonrisa que en muchas ocasiones estallaba en risa franca y sonora. Tenía un enorme sentido del humor; veía siempre el lado positivo de las cosas y sobre todo su espíritu de lucha le llevaba a remontar las muchas y fuertes contrariedades a las que tuvo que hacer frente a lo largo de su vida. Era un hombre profundamente espiritual, pero con los pies muy en el suelo, aunque su espíritu quijotesco le llevaba a veces a lanzarse a las empresas que debía abordar sin calcular demasiado los riesgos; o al menos así lo parecía, aunque esto pudiera ser más bien fruto de la enorme confianza en la Providencia de Dios que tuvo a lo largo de toda su vida.

Transcribimos ahora unos Recuerdos sobre el P. Fontova escritos por Ramón Jurado, que le conoció desde los tiempos de la Congregación Mariana y que después fue profesor en el Nazaret trasladado al Barrio de los Ángeles.



Le conocí recién llegado a la Residencia que tenían los PP. Jesuitas en Alicante, junto a la iglesia de Santa María, cuya parroquia regentaban. Lo vi entonces como un hombre de complexión fuerte, tranquilo, de trato amable y dulce, que sabía escuchar. Al poco fue mi confesor y director espiritual, pero siempre fue un buen amigo y más que nada un verdadero padre para mí, que supo aconsejarme y ayudarme en todos los momentos difíciles de mi vida.
Con el tiempo, pude comprobar que su aire tranquilo se debía al dominio y serenidad interiores, pues en realidad era, en mi opinión, un temperamento nervioso, inquieto y vital. Resistió sus enfermedades con verdadero asombro de todos. En cuanto a Nazaret, me parece recordar que, de acuerdo con las enseñanzas de Jesús, dejaba acercarse hasta su despacho de Director de la Congregación Mariana, en la calle San Telmo, a cuantos niños acudían a él buscando ayuda y cariño, cosas ambas que las otorgaba con gran ilusión y generosidad. Así en el patio, donde los jóvenes jugábamos y hacíamos deporte, se fueron acumulando trapos y cosas de las que se podía sacar algo de dinero para ayudar a aquellos chavalillos.
Recuerdo que los domingos por la tarde un congregante montaba una cámara y una pantalla en una de las salas de juego de la Congregación y ponía películas de dibujos. Fui un día por allí y vi cómo el P. Fontova hablaba en voz muy alta y resultó que estaba haciendo de animador interpretando los dibujos de las películas mudas, con comentarios y ocurrencias tales, que me quedé allí un tiempo porque era tan divertido, que resultaba más gracioso que si la película hubiera sido sonora. Era un placer ver a aquellos niños disfrutando de la alegría que el P. Fontova les transmitía de aquel modo tan peculiar. Porque si hay alguna cualidad que resaltar de este hombre, aparte de su bondad, ésa es la alegría y el buen humor. Formaban parte de su estrategia.


Ocurría que, cuando en los momentos en que los problemas nos afectaban notoriamente y acudíamos a su despacho para contárselos, llegaba allí uno en tensión, triste, abatido y el P Fontova, después de escuchar con paciencia y aconsejamos debidamente, comenzaba a “dar un giro” al asunto que, en muchas ocasiones, se convertía aquello en una charla de humor tal, que las carcajadas de risa se oían desde fuera del despacho, quitando de esa manera importancia y fuerza a los males y tristezas que habíamos traído, saliendo de allí con una visión sana y optimista del asunto, gracias al incansable buen humor y jovialidad de aquel hombre, cosas que no perdió ni con la gravedad de sus enfermedades. 


Insistiendo en su buen humor, recuerdo que uno de los profesores de Nazaret estuvo enfermo unos días y enviaron un sustituto. Era éste un joven tímido y de poca autoridad; de modo que los niños pequeños le pedían permiso para ir al lavabo y él se lo daba; pero en cuanto se veían fuera del aula (era en el Nazaret viejo, junto al Hospital Militar) se lo pasaban en grande; unos jugando en el patio, otros merodeando por la cocina, éstos escarbando en el trastero, aquéllos colándose en el dormitorio, incluso algunos visitando la capilla como refugio. Nos contaba el P. Fontova que un día, al asomarse a la clase de aquel profesor, y ver que faltaban tantos niños, porque andaban pululando por todo el colegio, le dijo al profesor: “procura que no salgan demasiado al lavabo, que no abusen” Y el profesor, para disimular la situación, le contestó: “no, si no salen”. Y el P Fontova nos comentaba que pensó decirle: “No, si lo que ocurre es que no entran”...
Alguna vez, cuando iba por allí, vi al P. Fontova sentado en su trapería, en medio de cartones, botellas, papeles y chismes, clasificando con sus manos trapos de todo género, para luego empaquetarlos y venderlos para sacar fondos con que hacer frente a las muchas necesidades que los niños de Nazaret tenían. Afortunadamente, ni los incendios, ni los gastos, ni las fatigas eran suficientes para detener su proyecto humanitario. El P. Fontova nunca se dio por vencido.

De la Necrológica, que escribió Vicente Durá SJ, cuando falleció el Padre Fontova el 9 de enero de 1977.

Los últimos días antes de su muerte, el padre Fontova celebraba con nosotros la Eucaristía: "entrego mi vida, como Jesús, en sacrificio por los niños y jóvenes más necesitados". Ahora que ese sacrificio se ha cumplido, queremos hacer público nuestro agradecimiento a Dios y al P. Fontova por esa entrega constante que ha hecho de su vida y que ha permitido que muchísimos puedan decir con verdad: todo lo que soy, se lo debo al P. Fontova.
¡Cuántas veces hemos hecho el recorrido de su vida de labios del mismo Padre! ¡En cuántos sitios el Padre vivió anécdotas llenas de esa profundidad de muerte y resurrección que ha sido constante en su vida!
No ha sido tranquila la vida del padre Fontova. Pero todos sabemos que no ha sido una vida triste. Todos sabemos de su jovial alegría. De su gozosa aceptación del sufrimiento en favor de los demás.
El año 1949 es destinado a Alicante como Director de la Congregación de jóvenes y Párroco de Santa María. Allí continúa su eficacísima labor con centenares de jóvenes que se entusiasman y se comprometen con Cristo contagiados por el ardor y el entusiasmo del P. Fontova. Y es en la Congregación de Alicante donde cristaliza una idea que el Padre llevaba siempre en el corazón y que desde ahora será el motor de su vida: empezar la Cruzada Infantil de Caridad según la idea que le proporcionó la entonces presidenta de las madres católicas.


El P. Fontova no quería para sus niños necesitados, un asilo. Aspiraba a "la redención del miserable por el miserable". Redimirse a sí mismo y ayudar a redimir a los demás. Que piensen y sepan que hay otros iguales que ellos.


Desde el 17 de septiembre de 1957 en que se admitieron los primeros niños en la Congregación, nació en Alicante una nueva familia, un nuevo hogar al que desde el primer momento nombraron significativamente como Nazaret.
El P. Fontova comunica dinamismo no solamente a la obra, sino a cada uno de los que se acercan a su lado. Todos se entusiasman con la obra, con los proyectos, con la persona de ese hombre que cree en serio en la Providencia de Dios y en que debemos luchar por el Reino de Cristo en esta sociedad nuestra, tan llena de contrastes y de injusticias. El Padre habla duro por la radio, recoge papeles y botellas por los estercoleros, acompaña a los chicos en las representaciones teatrales por todos los pueblos de la provincia, vende papeletas de lotería, suda empujando el motocarro, pasa frío y disgustos siempre con la mirada puesta en un Nazaret grande y ambicioso que él ha soñado y que es capaz de realizar, paso a paso.
El 10 de mayo de 1958, Nazaret se traslada a los locales de la antigua fábrica de sopa situada en la calle Colombia. Pronto se queda pequeño este local, y el Padre, después de haber sentido otra vez la confirmación de que la Providencia quería su obra con la donación de unos amplios terrenos en el Polígono de San Blas, empieza las obras del nuevo Nazaret en 1965 y tres años más tarde, el 15 de septiembre de 1968, empieza un nuevo curso, histórico, en el colegio apenas terminado, pero amplio y abierto a nuevas iniciativas que solucionen más problemas.
Hasta hoy el padre Fontova ha vivido en Nazaret no dando por terminada la obra. Un complemento de Nazaret nació en 1976, al que ha dedicado hasta sus últimas energías: el "Hogar Tránsito de Jesús" que ha nacido en Villajoyosa con una guardería, con nuevos proyectos, más ambiciosos, y que el Padre entrega a todos aquellos que han sabido asimilar su mensaje: "Seamos todos hermanos de una gran comunidad en la que convivamos en el Inmenso reino del Amor. Sepultar el hombre viejo de esa sociedad egoísta y degradante de consumo, para resucitar con Cristo en una gran comunidad de esperanza y amor".
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