JESUITAS ARAGÓN


CG35. Decreto 1 “CON RENOVADO IMPULSO Y FERVOR”

La Compañía de Jesús responde a la invitación de Benedicto XVI

I. Una experiencia espiritual de consolación en el Señor

1. La Congregación General 35 ha estado enmarcada por dos manifestaciones de profundo afecto del Santo Padre: la carta del día 10 de enero y la audiencia del 21 de febrero. A semejanza de Ignacio y de sus primeros compañeros, allí estábamos los 225 congregados, con nuestro P. General Adolfo Nicolás a la cabeza, como Congregación General de la Compañía de Jesús, para ser acogidos por el Vicario de Cristo y escuchar, con apertura de corazón, sus indicaciones sobre nuestra misión. Fue una densa y conmovedora experiencia espiritual.
En su alocución, el Papa Benedicto XVI demostróabiertamente su confianza, cercanía espiritual y aprecio profundo hacia la Compañía de Jesús, con palabras que nos han llegado al corazón, impulsando e inspirando nuestro deseo de servir a la Iglesia en este mundo marcado por “numerosos y complejos desafíos sociales, culturales y religiosos”1.
2. A la luz de estos dos acontecimientos recibe nueva claridad la ardua tarea de la Congregación General. De hecho, concluida la elección del Prepósito General, la mayor parte de nuestros trabajos se concentró en temas que afectan nuestra identidad, vida y misión. Como es su deber, la Congregación General auscultó con cuidado la situación de nuestro cuerpo apostólico para poder dar orientaciones que alienten y hagan crecer la calidad espiritual y evangélica de nuestro modo de ser y proceder, ante todo nuestra íntima unión con Cristo, “secreto del auténtico éxito del empeño apostólico y misionero de todo cristiano, y aún más de cuantos son llamados a un servicio más directo del Evangelio”2.
3. Este esfuerzo de honestidad total con nosotros y delante de Dios tuvo mucho de la experiencia de la primera semana de los Ejercicios Espirituales: nos ayudó a descubrir y reconocer nuestras debilidades e incoherencias, pero también la profundidad de nuestro deseo de servir;y exigió de nosotros una revisión de nuestras actitudes y modo de vivir.
4. Sin embargo, esta experiencia no podía perder de vista la perspectiva que la justifica: nuestra misión. De hecho, el paso de la primera a la segunda semana de los Ejercicios consiste en un cambio de perspectiva: el ejercitante experimenta que toda su vida ha sido abrazada por la misericordia y el perdón, y deja de mirarse para pasar a “contemplar” a “Cristo, Rey eterno, y delante de él todo el universo mundo al qual y a cada uno en particular llama”3. Somos en verdad pecadores y, sin embargo, llamados a ser compañeros de Jesús, como lo fue San Ignacio4.
5. Ese fue, en los congregados, el efecto espiritual del discurso del Santo Padre en la audiencia del día 21. Al dibujar ante nuestros ojos, con profundo afecto, una visión dinámica de nuestra misión y servicio a la Iglesia, parecía decirnos: volved la mirada hacia el futuro “para responder a las expectativas que la Iglesia tiene puestas en vosotros”5.

II. Confirmados y enviados en misión

6. Con palabrascargadas de fuerza, el Santo Padrenos situaba definitivamente ante el futuro de nuestra misión. Una misión expresada con toda claridad y firmeza: defensa y propagación de la fe que nos haga descubrir nuevos horizontes y llegar a las nuevas fronteras sociales, culturales y religiosas que, por ser fronteras – recordaba el P. Adolfo Nicolás en sus palabras de saludo al Papa – pueden ser lugares de conflicto y tensión que ponen en peligro nuestra reputación, tranquilidad y seguridad. Por eso nos conmovió la evocación de nuestro P. Arrupe, a cuya iniciativa de servicio a los refugiados se refirió el Papa como una de sus “últimas intuiciones clarividentes”6.
Se trata de mantener unidos el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Benedicto XVI nos ha recordado que la injusticia que genera pobreza tiene “causas estructurales” que es necesario combatir7 y que la razón de empeñarse en esa lucha viene de la misma fe: “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (2 Cor 8, 9)”8. Al enviarnos a los “lugares físicos y espirituales a los que otros no llegan o encuentran difícil hacerlo”9, el Papa nos confía la tarea de ser “puentes de comprensión y de diálogo”10, según la mejor tradición de la Compañía, en la variedad de sus apostolados: “A lo largo de su historia, la Compañía de Jesús ha vivido experiencias extraordinarias de anuncio y de encuentro entre el Evangelio y las culturas del mundo: basta pensar en Matteo Ricci en China, en Roberto De Nobili en la India o en las ‘reducciones’ de América Latina. Y de elloas estáis justamente orgullosos. Hoy siento el deber de exhortaros a seguir de nuevo las huellas de vuestros antecesores con la misma valentía e inteligencia, pero también con la misma profunda motivación de fe y pasión por servir al Señor y a su Iglesia”11. De manera decidida Benedicto XVI confirmó lo que nuestras últimas Congregaciones Generales dijeron de nuestra misión específica de servicio a la Iglesia.
7. Bajo esta luz podemos comprender mejor por qué insiste tanto el Santo Padre – en su carta y en el discurso – en que “la obra evangelizadora de la Iglesia cuenta, por tanto, mucho con la responsabilidad formativa que la Compañía tiene en el campo de la teología, de la espiritualidad y de la misión”12. En una época de complejos desafíos sociales, culturales y religiosos el Papa nos pide que demos una ayuda fiel a la Iglesia. Esta fidelidad exige dedicarse a una investigación seria y rigurosa en el campo teológico y en el diálogo con el mundo moderno, con las culturas y con las religiones. Lo que la Iglesia espera de nosotros es una colaboración sincera en la búsqueda de la verdad plena hacia la que nos conduce el Espíritu, en adhesión total a la fe y a la enseñanza de la Iglesia . Esta ayuda y este servicio no se limitan a nuestros teólogos; se extiende a todos los jesuitas, llamados a actuar con mucho tacto pastoral en la variedad de nuestras misiones y trabajos apostólicos, y han de manifestarse también en nuestras instituciones como una nota característica de su identidad.

III. Respuesta de la Compañía a la interpelación del Santo Padre

8. Es evidente que la Compañía no puede dejar pasar este momento histórico sin dar una respuesta que esté a la altura del carisma eclesial de San Ignacio. El Sucesor de Pedro nos ha manifestado la confianza que deposita en nosotros; de nuestra parte, como cuerpo apostólico, deseamos sinceramente responder a su llamada con el mismo calor y afecto que él nos ha demostrado y afirmar de manera decidida lo que tiene de específico nuestra disponibilidad al “Vicario de Cristo en la tierra”13. La Congregación General 35 expresa su adhesión total a la fe y a la enseñanza de la Iglesia tal como llegan hasta nosotros, en esa estrecha unidad entre Escritura, Tradición y Magisterio14.
9. Por eso, esta Congregación General llama a todos los jesuitas a vivir con un corazón grande y con no menor generosidad lo que está en el corazónde nuestra vocación: “combatir por Dios bajo el estandarte de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra”15.
10. Desde el principio de nuestra formación y a lo largo de la vida debemos ser y permanecer hombres familiarizados con las cosas de Dios. Nuestro deseo es y ha de ser crecer siempre en un “conocimiento interno del Señor que por mi se hizo hombre, para que más le ame y le siga”16, lo mismo en la oración que en la vida comunitaria y en la acción apostólica. Como decía Nadal, “la Compañía es fervor”17.
11. Sabemos que “la mediocridad no tiene lugar en la visión del mundo de Ignacio”18. Por eso es fundamental dar a los jesuitas más jóvenes una formación humana, espiritual, intelectual y eclesial tan profunda como sólida, de modo que cada uno pueda vivir plenamente nuestra misión en el mundo con “el sentido verdadero que en el servicio de la Iglesia debemos tener”19.
12. Para ser verdaderos contemplativos en la acción, buscando y encontrando de hecho a Dios en todas las cosas, es necesario que volvamos una y otra vez a la experiencia espiritual de los Ejercicios Espirituales. Por ser “un don que el Espíritu del Señor ha dado a toda la Iglesia”, debemos, siguiendo la llamada del Santo Padre, “prestar atención especial al ministerio de los Ejercicios Espirituales”20.
13. Somos conscientes de la importancia que tiene el apostolado intelectual para la vida y la misión de la Iglesia hoy, como nos lo ha recordado varias veces Benedicto XVI desde el inicio de su pontificado. Hemos escuchado su interpelación y deseamos darle una respuesta plena. En ese sentido animamos a nuestros teólogos a que continúen su tarea con valentía e inteligencia, pues el mismo Santo Padre nos recuerda que “no es éste ciertamente un empeño fácil, especialmente cuando se está llamado a anunciar el Evangelio en contextos sociales y culturales muy diversos y hay que confrontarse con mentalidades diferentes”21. Teniendo presentes las dificultades peculiares que lleva consigo hoy la tarea de la evangelización, es importante que estén dispuestos “–según el más genuino espíritu ignaciano de ‘sentir con la Iglesia y en la Iglesia’– a ‘amar y servir’ al Vicario de Cristo en la tierra con la devoción ‘efectiva y afectiva’ que debe convertirlos en valiosos e insustituibles colaboradores suyos en su servicio a la Iglesia universal”22. Vivir ese trabajo en las “nuevas fronteras” de nuestra época exige de nosotros que estemos arraigados de manera siempre renovada en el corazón de la Iglesia. Esta tensión, propia del carisma ignaciano, permitirá encontrar los caminos de una auténtica fidelidad creativa.
14. En la línea del decreto 11 de la Congregación General 34 y de la alocución final del P. Kolvenbach a la Congregación de Procuradores en Loyola, en septiembre de 2003, invitamos a cada jesuita que considere cuál debe ser “nuestro sentido verdadero en el servicio de la Iglesia”. Se trata de reconocer –con honestidad ante nosotros y delante de Dios– que no siempre nuestras reacciones y actitudes expresan lo que nuestro Instituto espera de nosotros: ser “hombres humildes y prudentes en Cristo”23. Lo lamentamos de verdad, conscientes de nuestra responsabilidad común como cuerpo apostólico. Por eso pedimos a cada jesuita que, con una actitud decididamente constructiva, se esfuerce junto al Papa por crear un espíritu de “comunión”, de modo que la Iglesia sea capaz de llevar el Evangelio a un mundo tan complejo y agitado como es el nuestro.
15. Dentro del espíritu del Examen24 pedimos al Señor la gracia de la conversión y convidamos a cada uno de nuestros compañeros a “examinar” su manera de vivir y trabajar en las “nuevas fronteras” de nuestro tiempo. Se trata de examinarse sobre: las exigencias de nuestra “misión en medio de los pobres y con los pobres”; nuestro compromiso en el ministerio de los Ejercicios Espirituales; nuestra preocupación por la formación humana y cristiana de “las personas más diversas”; la preocupación de “la sintonía con el Magisterio que evite provocar confusión y desconcierto en el Pueblode Dios”25 en lo que se refiere a “los temas –hoy continuamente debatidos y puestos en tela de juicio– de la salvación de todos los hombres en Cristo, de la moral sexual, del matrimonio y de la familia, […] en el contexto de la realidad contemporánea”26. Por eso, cada jesuita es invitado a reconocer humildemente sus errores y sus faltas, a pedir al Señor gracia para vivir la misión y, si fuera necesario, a impetrar la gracia de su perdón.
16. La carta y la alocución del Santo Padre nos abren a un momento histórico nuevo. La Congregación General 35 nos ofrece la ocasión de vivir “con renovado impulso y fervor la misión para la que el Espíritu la suscitó [a la Compañía] en la Iglesia”27. Conscientes de nuestra responsabilidad en la Iglesia y con la Iglesia, deseamos amarla y hacerla amar cada vez más, porque ella es la que conduce el mundo a Cristo humilde y pobre y anuncia a cada hombre que “Deus caritas est”28. No podemos separar el amor a Cristo de este “sentido de la Iglesia”29 que lleva a que toda la Compañía “se esfuerce, cada vez más, en una fuerte y creativa inserción en la vida de la Iglesia, que nos haga experimentar y sentir internamente su misterio”30.
17. Reconocemos en la carta del Santo Padre del 10 de enero y en la alocución de la audiencia del 21 de febrero lo que el Señor nos llama a ser y a vivir con más intensidad. “En el espíritu del cuarto voto circa missiones, que tan particularmente nos une con el Santo Padre”31, deseamos expresarle nuestra sincera voluntad de realizar lo que nos invita a poner en práctica y lo que nos anima a continuar o a comenzar. Así le expresamos nuestra disponibilidad renovada para ser enviados a la viña del Señor donde juzgare mejor para un mayor servicio de la Iglesia y una mayor gloria de Dios. Al mismo tiempo que pedimos al Señor la fuerza de su Espíritu para que nos conceda realizar su voluntad, unimos nuestras voces a la del sucesor de Pedro para decir con él:
“Tomad Señor y recibid toda mi libertad, Mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a Vos Señor lo torno. Todo es vuestro; disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta”32


1 BENEDICTO XVI, Carta al R. P. Peter-Hans Kolvenbach (10 de enero 2008), §3 (Carta). 
2 Carta, §2. 
3 Ejercicios Espirituales, 95.
4  Cfr. CG 32, d. 2, n. 1.
5 BENEDICTO XVI,Discurso a la Congregación General 35ª de la Compañía de Jesús (21 de febrero 2008), §1 (Discurso).
6 Discurso, § 8.
7 Discurso, § 8.
8 Discurso, § 8.
9 Discurso, § 2.
10 Discurso, § 5.
11 Discurso, § 5.
12 Carta, § 6.
13 Exposcit debitum (1550), §3 (MHSI 63, 375).
14 Cfr. Vaticano II, Dei Verbum 7-10; cfr. Instrucción Donum veritatis nn. 6, 13-14.
15 Exposcit debitum (1550), §3 (MHSI 63, 375).
16 Ejercicios espirituales, 104.
17 Cfr. Jerónimo NADAL, Plática 3ª en Alcalá (1561), § 60 (MHSI 90, 296).
18 Peter-Hans KOLVENBACH, “To friends and Colleagues of the Society of Jesus”, AR 20 (1988-1993) 606.  
19 CG 34, d. 11.
20 Discurso, § 9.
21 Carta, § 5.
22 Discurso, § 7. [Nota del editor: la referencia del Papa utiliza el verbo convertiros, en la cita se ha puesto el término convertirlos por mantener la corrección gramatical.]
23 Exposcit debitum (1550), § 6 (MHSI 63, 381).
24 Ejercicios Espirituales, 32-43. 
25 Discurso, § 6.
26 Discurso, § 6.
27 Discurso, § 2.
28 BENEDICTO XVI, Deus caritas est.
29 Ejercicios Espirituales, 352-370: “Reglas para el sentido verdadero que en la Iglesia militante debemos tener”.
30 CG 33, d. 1, n. 8.
31 CG 34, d. 11, n. 18.
32 Ejercicios Espirituales, 234.

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