1.- Como servidores de la misión de Cristo, queremos recordar con gratitud las gracias
recibidas del Señor durante los últimos años. En nuestra vida como jesuitas, hemos
experimentado un proceso continuo de renovación y adaptación de nuestra misión y modo de
proceder, en respuesta al llamamiento del Concilio Vaticano II
1.
2.- A partir del Concilio, el Espíritu ha conducido a toda la Compañía, reunida en
Congregación General, a la firme convicción de que,
“La finalidad de la misión que hemos recibido de Cristo, tal como está presentada en la
Fórmula del Instituto, es el servicio de la fe. El principio integrador de nuestra misión es
el vínculo inseparable entre la fe y la promoción de la justicia del Reino”
2.
3.- Reflexionando sobre nuestra experiencia durante la Congregación General 34, discernimos
que el servicio de la fe en Jesucristo, y la promoción de la justicia del Reino predicado por Él,
podría alcanzarse mejor en nuestro mundo contemporáneo si la inculturación y el diálogo
llegaban a ser elementos esenciales de nuestro modo de proceder en la misión
3.
Experimentamos esta misión como parte de la misión evangelizadora de toda la Iglesia, “una
realidad unitaria, pero compleja”, que contiene todos estos elementos esenciales
4. Queremos
confirmar esta misión que le da sentido a nuestra vida religiosa apostólica en la Iglesia:
“El fin de nuestra misión (el servicio de la fe) y su principio integrador (la fe dirigida
hacia la justicia del Reino) están así dinámicamente relacionados con la proclamación
inculturada del Evangelio y el diálogo con otras tradiciones religiosas como dimensiones
de la evangelización”5.
4.- Durante los últimos años, el fructífero compromiso de la Compañía en el diálogo con
pueblos pertenecientes a diferentes tradiciones culturales y religiosas, ha enriquecido nuestro
servicio a la fe y la promoción de la justicia y nos han confirmado que fe y justicia no pueden
ser para nosotros un simple ministerio entre otros, sino el factor integrador de todos nuestros
ministerios y de nuestra vida como individuos, como comunidades, como fraternidad
extendida por todo el mundo
6.
5.- Nuestros ministerios pastorales, educativos, sociales y en los medios de comunicación, así
como los ministerios espirituales han ido encontrando cada vez más formas de llevar adelante
esta misión en medio de las desafiantes circunstancias del mundo moderno. Los diferentes
ministerios han realizado esta misión de formas adecuadas a sus propios métodos de trabajo. Pero todos han experimentado esta misión como la gracia de “ser puestos con el Hijo” en la
misión. Recordamos con gratitud a muchos de nuestros hermanos y colaboradores que han
ofrecido generosamente sus vidas, como respuesta a la llamada del Señor a trabajar con Él.
6.- En nuestro deseo de “servir al solo Señor y a la Iglesia su Esposa bajo el Romano
Pontífice”
7, nos sentimos confirmados por las palabras que el Santo Padre dirigió a los
miembros de esta congregación:
“Hoy deseo animaros a vosotros y a vuestros hermanos para que prosigáis en el camino
de esa misión, con plena fidelidad a vuestro carisma original, en el contexto eclesial y
social propio de este inicio de milenio. Como en varias ocasiones os han dicho mis
antecesores, la Iglesia os necesita, cuenta con vosotros y en vosotros sigue confiando…”8.
7.- En respuesta a los nuevos y desafiantes contextos a los que nos enfrentamos, queremos
reflexionar sobre nuestra misión, a la luz de nuestra experiencia.
II. Un nuevo contexto para la misión
8.- El nuevo contexto en el que vivimos hoy nuestra misión está profundamente marcado por
cambios, conflictos agudos y nuevas posibilidades. En palabras del Santo Padre:
“Vuestra Congregación se celebra en un período de profundos cambios sociales,
económicos, políticos; de acuciantes problemas éticos, culturales y medioambientales y
de conflictos de todo tipo, pero también de comunicaciones más intensas entre los
pueblos, de nuevas posibilidades de conocimiento y diálogo, de hondas aspiraciones de
paz. Se trata de situaciones que constituyen un reto importante para la Iglesia católica y
para su capacidad de anunciar a nuestros contemporáneos la Palabra de esperanza y de
salvación”9.
9.- Vivimos en un mundo globalizado. La Congregación General 34 ya señaló la
“conciencia
creciente de la interdependencia de todos los pueblos en una herencia común”10. Este proceso
ha continuado con ritmo rápido y, como resultado de ello, nuestra interconectividad ha
aumentado. Su impacto se ha dejado sentir más profundamente en todos los campos de
nuestras vidas y se sostiene sobre estructuras interrelacionadas de carácter cultural, social y
político que afectan al núcleo de nuestra misión de fe, justicia y a todos los aspectos de
nuestro diálogo con las religiones y las culturas.
10.- La globalización también ha generado una cultura mundial que afecta a todas las otras
culturas; ello con frecuencia ha dado lugar a un proceso de homogeneización, y a políticas de
asimilación que niegan los derechos de grupos e individuos a vivir y desarrollar sus propias
culturas. En medio de esta convulsión, la post-modernidad, también mencionada por la
Congregación General 34
11, ha continuado dando forma al modo en que el mundo
contemporáneo, y con él también nosotros los jesuitas, pensamos y nos comportamos.
11- En este nuevo mundo de comunicación inmediata y de tecnología digital, de mercados
globales y de aspiraciones universales de paz y bienestar, nos enfrentamos a tensiones y
paradojas crecientes: vivimos en una cultura que privilegia la autonomía y el presente, y sin
embargo el mundo tiene una gran necesidad de construir un futuro en solidaridad; contamos con mejores medios de comunicación pero experimentamos a menudo la soledad y la
exclusión; algunos se benefician enormemente, mientras otros son marginados y excluidos;
nuestro mundo es cada vez más transnacional, y sin embargo necesita afirmar y proteger sus
identidades locales y particulares; nuestro conocimiento científico se acerca a los más
profundos misterios de la vida, y sin embargo continúan amenazadas la propia dignidad de la
vida y el mismo mundo en que vivimos.
III. Llamados a establecer relaciones justas. Misión de reconciliación.
12.- En este mundo global, marcado por tan profundos cambios, queremos profundizar ahora
nuestra comprensión de la llamada a servir la fe, promover la justicia y dialogar con la cultura
y otras religiones a la luz del mandato apostólico de establecer relaciones justas con Dios, con
los demás y con la creación
12.
13.- En el Evangelio de San Lucas, Jesús inaugura su ministerio público en la sinagoga de
Nazareth
13. Leyendo del libro del profeta Isaías, y reconociendo haber sido ungido por el
Espíritu, anuncia la buena noticia a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los
ciegos y la libertad a los oprimidos. Con esta acción enraíza su persona y su ministerio en la
tradición de los profetas judíos, que apasionadamente proclamaron la justicia de Dios, el
deber de Israel de establecer relaciones justas con Dios, con los demás, de modo especial con
los últimos entre ellos, y con la tierra
14.
14.- Al proclamar el mensaje del amor y de la compasión Jesús supera las fronteras físicas y
socio-religiosas. Su mensaje de reconciliación se predica no sólo al pueblo de Israel sino
también a todos los que viven más allá de sus fronteras físicas y espirituales: recaudadores de
impuestos, prostitutas, pecadores y cualesquiera otros marginados y excluidos. Su ministerio
de reconciliación con Dios, y de unos con otros, no conoce fronteras. Él habla a los poderosos
desafiándolos a un cambio de corazón. Tiende la mano a los pobres, mostrando su especial
amor por el pecador, la viuda pobre, y la oveja perdida. El reino de Dios, que predica con
constancia, alumbra un mundo donde todas las relaciones son reconciliadas en Dios. Jesús se
enfrenta a los poderes que se oponen a este reino, y esta oposición lo conduce a la muerte en
la cruz, una muerte que él acepta libremente de acuerdo con su misión. En la cruz vemos
cómo todas sus palabras y acciones se revelan como expresión de la reconciliación final
llevada a cabo por el Señor Crucificado y Resucitado, a través de quien llegará la nueva
creación, cuando todas las relaciones sean justas en Dios
15.
15.- Ignacio y sus primeros compañeros comprendieron la importancia de llegar a las
personas situadas en las fronteras y en el centro de la sociedad, de reconciliar los que estaban
alejados de cualquier modo
16. Desde el centro, en Roma, Ignacio envió jesuitas a las fronteras,
al nuevo mundo,
"a anunciar al Señor a pueblos y culturas que aún no lo conocían"17. Envió a
Javier a las Indias. Miles de jesuitas lo siguieron, predicando el Evangelio a muchas culturas,
compartiendo conocimientos y aprendiendo de los otros. Quiso también que los jesuitas
cruzáramos otro tipo de fronteras: entre ricos y pobres, entre cultos e ignorantes. Escribió una
carta a los jesuitas presentes en el Concilio de Trento con instrucciones sobre cómo comportarse, insistiendo en que atendieran a los enfermos. Los jesuitas abrieron colegios en
Roma y en las grandes ciudades de Europa, y enseñaron a niños en pequeños pueblos por todo
el mundo.
16.- Somos enviados a esta misión por el Padre, como lo fueron Ignacio y los primeros
compañeros en La Storta, junto con Cristo, resucitado y glorificado pero aún cargado con la
cruz, como Él sigue trabajando en un mundo que todavía tiene que experimentar la plenitud
de su reconciliación. En un mundo rasgado por la violencia, las luchas y la división, también
nosotros somos llamados, junto con otros, para llegar a ser instrumentos de Dios, que
“estaba
en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados”18. Esta
reconciliación nos llama a construir un nuevo mundo de relaciones justas, un nuevo Jubileo
en el que, superando todas las divisiones, Dios restaura su justicia para todos.
17.- La tradición de los jesuitas de tender puentes superando las fronteras es algo crucial para
el mundo de hoy. Nosotros sólo podremos llegar a ser puentes en medio de las divisiones de
un mundo fragmentado, si estamos unidos por el amor de Cristo nuestro Señor, por vínculos
personales como los que unieron a Francisco Javier e Ignacio más allá de los mares y por la
obediencia que nos envía a todos en misión a cualquier parte del mundo
19.
IV. Nuestra respuesta apostólica
18.- Como siervos de la misión de Cristo, estamos invitados a trabajar con Él en el
restablecimiento de nuestra relación con Dios, con los demás y con la creación. El Santo
Padre nos recordaba que “nuestro mundo es el lugar de una batalla entre el bien y el mal”
20,
por lo que nos ponemos nuevamente ante el Señor en la meditación de las Dos Banderas. Hay
fuerzas negativas poderosas en el mundo, pero también somos conscientes de la presencia de
Dios en él, inspirando a personas de todas las culturas y religiones a promover la
reconciliación y la paz. El mundo en el que trabajamos es, a la vez, realidad de pecado y de
gracia.
Reconciliación con Dios
19.- Los Ejercicios Espirituales nos invitan a una experiencia renovada y profunda de la
reconciliación con Dios en Cristo. Estamos llamados a compartir con alegría y respeto la
gracia de esta experiencia que hemos recibido y que alimenta nuestra esperanza. La
globalización y las modernas tecnologías de la comunicación han abierto nuestro mundo y
nos ofrecen nuevas oportunidades para proclamar con entusiasmo la Buena Noticia de
Jesucristo y su Reino. El ministerio de la Palabra y la celebración de la vida de Cristo en los
sacramentos continúan siendo fundamentales para nuestra misión y para nuestra vida
comunitaria como jesuitas. Tienen que ser vistos como parte de la triple responsabilidad que
constituye el núcleo de la esencia más profunda de la Iglesia: la proclamación de la Palabra de
Dios (kerigma-martyria), la celebración de los sacramentos (leitourgia) y el ejercicio del
ministerio de la caridad (diakonia)
21. Para responder a esta responsabilidad, buscamos formas
nuevas de evangelización integral para
“alcanzar aquellos lugares físicos y espirituales a los
que otros no llegan o encuentran difícil hacerlo”22, siempre atentos a las exigencias del
contexto cultural en el que desarrollamos nuestra misión.
20.- La globalización ha acelerado la expansión de una cultura dominante. Esta cultura ha
proporcionado a muchos un amplio acceso a la información, un sentido acentuado del
individuo y de la libertad para elegir, y la apertura a nuevas ideas y valores del mundo. Al
mismo tiempo, esta cultura dominante se ha caracterizado por el subjetivismo, el relativismo
moral, el hedonismo y el materialismo práctico, generando “
una visión errónea o superficial
de Dios y del hombre”23. En muchas sociedades las personas se encuentran cada vez más
solas y luchan por hallar sentido a sus vidas. Todo esto ha llegado a convertirse para nosotros
en una nueva oportunidad apostólica y en un desafío. En todos nuestros ministerios estamos
llamados a asumir un compromiso más serio con la realidad y a ampliar espacios de diálogo y
reflexión continuos sobre la relación entre la fe y la razón, la cultura y la moral, la fe y la
sociedad, con objeto de
“dar a conocer el verdadero rostro del Señor a tantos hombres para los
que éste permanece hoy oculto o irreconocible”24.
21.- El ritmo rápido del cambio cultural ha estado acompañado de un vacío interior, a la vez
que de un nuevo interés por la religiosidad popular, una búsqueda renovada de sentido y una
sed de experiencia espiritual, en ocasiones, fuera de la religión institucional. Los Ejercicios
Espirituales, que desde el comienzo han sido un valioso instrumento a nuestra disposición,
representan hoy una ayuda notable para muchos de nuestros contemporáneos. Son útiles para
iniciar en la vida de oración, para avanzar en ella, para buscar y hallar a Dios en todas las
cosas y para discernir su voluntad, favoreciendo una fe más personal y más encarnada. Los
Ejercicios ayudan también a nuestros contemporáneos en la tarea difícil de lograr la
integración profunda de sus vidas por medio del diálogo con Dios en libertad. Animamos a
los jesuitas a dar los Ejercicios, y dexar “
inmediate obrar al Criador con la criatura, y a la
criatura con su Criador y Señor”25 y llevar así a las personas a una relación más profunda con
Dios en Cristo y, mediante ello, al servicio de su Reino.
22.- Vivimos en un mundo plurirreligioso y pluricultural. La erosión de las creencias
religiosas tradicionales y la tendencia a homogeneizar las culturas han fortalecido formas
distintas de fundamentalismos religiosos. Algunos usan cada vez más la fe en Dios para
dividir pueblos y comunidades y para provocar polarizaciones y tensiones, que quiebran los
fundamentos de nuestra vida social. Todos estos cambios nos invitan a ir a las fronteras de la
cultura y de la religión. Necesitamos alentar y apoyar a los jesuitas y colaboradores que están
implicados activamente en el pluriforme diálogo recomendado por la Iglesia
26, escuchar
atentamente a todos y crear puentes entre las comunidades con todas las personas de buena
voluntad.
23.- Hemos de discernir cuidadosamente cómo llevamos adelante nuestra labor educativa y
nuestra pastoral, especialmente con los jóvenes, en esta cambiante cultura post-moderna.
Tenemos que caminar con la juventud, aprendiendo de su generosidad y de su compasión y
ayudándoles a crecer desde la fragilidad y la fragmentación hacia una integración gozosa de
sus vidas en Dios y con los demás. El voluntariado con y por los pobres les sirve para vivir en
solidaridad con los demás y para encontrar sentido y orientación en sus vidas.
24.- Dado que la muerte y resurrección de Cristo ha re-establecido nuestra relación con Dios,
nuestro servicio de la fe, debe conducir necesariamente a la promoción de la justicia del Reino
y al cuidado de la creación de Dios.
Reconciliación de unos con otros
25.- En este mundo globalizado hay fuerzas sociales, económicas y políticas que han
facilitado la creación de nuevas relaciones entre diversos grupos humanos, pero hay otras
fuerzas que han roto los lazos de amor y solidaridad en el seno de la familia humana. Aunque
mucha gente pobre ha salido de la pobreza, la brecha entre ricos y pobres ha aumentado tanto
dentro de los países como en el plano internacional. Desde la perspectiva de aquellos que
viven en los márgenes, la globalización aparece como una poderosa fuerza que excluye y
explota a los débiles y pobres, y que ha aumentado la exclusión por motivos de religión, raza,
casta o género.
26. Como consecuencia política de la globalización, la soberanía de muchos estados
nacionales se ha debilitado en todo el mundo. Algunos estados experimentan este fenómeno
como un tipo singular de marginación global y como una pérdida de su dignidad nacional. Sus
recursos naturales son saqueados por intereses transnacionales, al margen de las leyes
nacionales y a menudo favorecidos por la corrupción. La violencia, la guerra y el tráfico de
armas han sido fomentadas por grupos económicos muy poderosos.
27. Nuestro compromiso de ayudar a establecer relaciones justas nos invita a mirar el
mundo desde la perspectiva de los pobres y marginados, aprendiendo de ellos, actuando con
ellos y a su favor. En ese contexto, el Santo Padre nos recuerda que la opción preferencial por
los pobres
“está implícita en la fe cristológica en un Dios que se ha hecho pobre por nosotros,
para enriquecernos con su pobreza (2Cor 8, 9)”27. Con una llamada profética, nos invita a
renovar nuestra misión
“entre los pobres y por los pobres”28.
28. La complejidad de los problemas que encaramos y la riqueza de las oportunidades que
se nos ofrecen piden que nos comprometamos en tender puentes entre ricos y pobres,
estableciendo vínculos en el terreno de la incidencia política* para la colaboración entre
aquellos que detentan el poder político y aquellos que encuentran dificultad en hacer oír sus
intereses. Nuestro apostolado intelectual nos proporciona una ayuda inestimable para
establecer estos puentes, ofreciéndonos nuevos modos de entender en profundidad los
diversos mecanismos e interconexiones de los problemas actuales. Muchos jesuitas en
instituciones educativas, de promoción social y de investigación, junto con otras personas
dedicadas directamente al trabajo con los pobres ya están implicados en esta tarea. Otros han
ayudado al crecimiento de la responsabilidad social corporativa, la creación de una cultura
empresarial más humana e iniciativas de desarrollo económico con los pobres.
29. Las nuevas tecnologías de la comunicación constituyen uno de los rasgos
característicos de nuestro mundo globalizado. Producen un impacto tremendo en todos
nosotros, especialmente en los jóvenes. Pueden ser instrumentos poderosos para construir y
sostener redes internacionales, en nuestra incidencia política, en nuestra labor educativa, en el
compartir nuestra espiritualidad y nuestra fe. Esta Congregación urge a todas las instituciones
de la Compañía a poner estas nuevas tecnologías al servicio de los marginados.
30. Nuestra respuesta a estas situaciones ha de brotar de nuestra profunda fe en el Señor,
que nos llama a trabajar, con otros, al servicio del Reino de Dios, para instaurar relaciones
justas entre las personas y con la creación. De este modo cooperamos con el Señor en la construcción de un futuro nuevo en Cristo para alcanzar una “globalización en la solidaridad,
una globalización sin marginación”
29.
Reconciliación con la creación
31.- Siguiendo la recomendación30 de la Congregación General 34, el P. Peter-Hans
Kolvenbach encargó un estudio e invitó a todos
“los jesuitas y a aquellos que comparten
nuestra misión, a mostrar una más efectiva solidaridad ecológica en nuestra vida espiritual,
comunitaria y apostólica”31. Esta invitación nos llama a avanzar, superando dudas e
indiferencia, y a hacernos responsables de nuestro hogar, la tierra.
32.- El cuidado del medio ambiente afecta a la calidad de nuestra relación con Dios, con los
otros seres humanos y con la misma creación. Afecta al centro de nuestra fe en Dios y nuestro
amor a Él “
de quien procedemos y hacia el que caminamos”32. Nuestro cuidado del medio
ambiente se inspira en lo que Ignacio enseña en el Principio y fundamento
33 sobre el buen
cuidado de todas las criaturas y en su intuición, de la Contemplación para alcanzar amor,
sobre la presencia activa de Dios en ellas
34.
33.- El modo de acceder y explotar las fuentes de energía y otros recursos naturales está
rápidamente aumentando el daño al suelo, al aire, al agua y a todo el medioambiente hasta el
punto de ser una amenaza para el futuro del planeta. Agua insalubre, aire contaminado,
deforestación masiva, residuos atómicos y desechos tóxicos están causando muerte e
indecible sufrimiento, particularmente a los pobres. Muchas comunidades pobres han sido
desplazadas y los pueblos indígenas han sido los más afectados.
34.- Para escuchar, una vez más, el llamamiento a promover relaciones justas con la creación,
hemos sido movidos por el clamor de los que sufren las consecuencias de la destrucción
medioambiental, por los numerosos postulados recibidos y por las recientes enseñanzas del
Santo Padre y de muchas Conferencias Episcopales sobre este asunto.
35.- Esta Congregación urge a todos los jesuitas y a quienes comparten la misma misión, en
particular a las universidades y centros de investigación, a promover estudios y prácticas
orientadas a enfrentar las causas de la pobreza y a mejorar el medio ambiente. Debemos
encontrar caminos en los cuales nuestra experiencia con los refugiados y los desplazados por
una parte, y con las personas que trabajan en la protección del medio ambiente por otra,
interactúen con aquellas instituciones, de forma tal que los resultados de la investigación y la
incidencia política consigan beneficios prácticos para la sociedad y el medio ambiente. Esta
incidencia política e investigación deberían estar al servicio de los pobres y de quienes
trabajan en la protección medioambiental. Con ello se daría una nueva luz a la llamada del
Santo Padre a compartir de una forma justa los costos,
“teniendo en cuenta el desarrollo de los
diversos países”35.
36.- En nuestra predicación, enseñanza, y al dar ejercicios, deberíamos invitar a todo el
mundo a apreciar más profundamente nuestra alianza
36 con la creación, como algo
fundamental para mantener una correcta relación con Dios y con los otros, y para actuar consecuentemente de acuerdo con su propia responsabilidad política, profesional, familiar y
con su propio estilo de vida.
V. Preferencias globales
37.- En continuidad con las recomendaciones
37 hechas por la Congregación General 34, y con
el fin de responder de forma efectiva a los retos globales descritos más arriba, esta
Congregación ha subrayado la importancia de las estructuras de planificación apostólica,
puesta en práctica y evaluación, a todos los niveles del gobierno
38.
38.- Durante los últimos años, la Compañía ha hecho un esfuerzo coordinado y generoso para
aumentar la cooperación interprovincial de muchas maneras. En ese sentido, la Congregación
General 34 declaró que “
El P. General, en sus habituales encuentros personales con los
Provinciales y los Moderadores de Conferencias, discernirá con ellos y con sus propios
colaboradores, las necesidades más importantes de la Iglesia, y marcará, en consecuencia,
unas prioridades globales y regionales”39.
39.- Respetando las prioridades provinciales o regionales, estas “preferencias” indican las
áreas apostólicas que requieren “una atención especial o privilegiada”
40. En nuestro presente
contexto podemos decir con toda confianza que proporcionan áreas para la realización de las
orientaciones de la misión tal como aparecen en el presente decreto. Tras consultar con las
Conferencias de Superiores Mayores, el P. Peter-Hans Kolvenbach definió las siguientes
preferencias apostólicas:
(i) África. Conscientes de las diferencias culturales, sociales y económicas existentes
entre los diversos países de África y Madagascar, pero también de las grandes
oportunidades y retos que existen, así como de la variedad de ministerios jesuitas,
reconocemos la responsabilidad que tiene la Compañía de presentar una visión más
integral y humana de este continente. Además, invitamos a todos los jesuitas a una
mayor solidaridad y a un apoyo efectivo a la misión de la Compañía de inculturar la
fe y promover más justicia en este continente.
(ii) China ha adquirido una importancia capital no sólo para Asia oriental sino también
para el conjunto de la humanidad. Deseamos continuar nuestro diálogo respetuoso
con su pueblo, conscientes de que China es clave importante para un mundo en paz
y encierra un gran potencial para enriquecer nuestra tradición de fe, ya que muchos
de sus habitantes añoran un encuentro espiritual con Dios en Cristo.
(iii) El apostolado intelectual ha sido una característica definitoria de la Compañía de
Jesús desde su mismo comienzo. Teniendo en cuenta los complejos e
interrelacionados retos que los jesuitas han de afrontar en todos los sectores
apostólicos, la Congregación hace un llamamiento a reforzar y renovar este
apostolado como un medio privilegiado para que la Compañía pueda responder
adecuadamente a la importante contribución intelectual que nos pide la Iglesia. A lo
largo de la formación, hay que fomentar y apoyar que los jesuitas realicen estudios
avanzados.
(iv) Las Instituciones interprovinciales de Roma son una misión especial de la
Compañía, recibida directamente del Santo Padre41. Ignacio escribió que se
“considere la misión de su Santidad como la más principal”42. Esta Congregación
reafirma el compromiso de la Compañía con las casas y obras comunes de Roma,
como una prioridad apostólica de la Compañía universal. Para servir con más fruto
a esta misión, se debe hacer una planificación estratégica y una evaluación por
parte de las Instituciones y de la Compañía43.
(v) Migrantes y Refugiados. Desde que el P. Arrupe llamó la atención de la Compañía
sobre el clamor de los refugiados, el fenómeno de la migración forzada por
diferentes razones se ha incrementado dramáticamente. Estos grandes movimientos
de población han creado gran sufrimiento a millones de personas. Por eso, esta
Congregación reafirma que la atención a las necesidades de los migrantes,
incluidos los refugiados, los desplazados internos y las víctimas del tráfico de
personas, continúa siendo una preferencia apostólica de la Compañía. Además
reafirmamos que el Servicio Jesuita de Refugiados continúe con su actual estatuto y
orientación.
40.- Invitamos al P. General a continuar el discernimiento de las preferencias para la
Compañía; revisar las actuales preferencias, actualizar su contenido específico y desarrollar
planes y programas que puedan ser seguidos y evaluados.
VI. Conclusión
41.- Nuestra misión no se limita a nuestro trabajo. Nuestra relación personal y comunitaria
con el Señor, nuestra mutua relación como amigos en el Señor, nuestra solidaridad con los
pobres y marginados y un estilo de vida responsable con la creación, son aspectos importantes
de nuestra vida de jesuitas. Dan autenticidad a lo que proclamamos y a lo que hacemos en el
cumplimiento de nuestra misión. El lugar privilegiado de este testimonio colectivo es nuestra
vida de comunidad, por ello la comunidad de la Compañía no es solo para la misión, ella
misma es misión
44.
42.- Un cuerpo apostólico, que vive en obediencia creativa y en el que los miembros saben
apreciar a sus colaboradores en la misión, ofrece un contundente testimonio ante el mundo.
Nuestros ministerios e instituciones son el primer lugar donde la fe que profesamos en el
Señor Jesús debe hacerse carne en relaciones de justicia con Dios, con los otros y con la
creación.
43.- En este contexto global es importante señalar el extraordinario potencial que representa
nuestro carácter de cuerpo internacional y multicultural. Actuar coherentemente con este
carácter puede no sólo mejorar la efectividad apostólica de nuestro trabajo, sino que, en un
mundo fragmentado y dividido, puede ser también testimonio de reconciliación en solidaridad
de todos los hijos de Dios.
1 Concilio Vaticano II,
Perfectae Catitatis, 2.
2 CG 34, D. 2, n. 14.
3 CG 34, D. 2, nn. 14-21.
4 Cf. JUAN PABLO II,
Redemptoris Missio, 41: “La misión es una realidad unitaria, pero compleja, y se desarrolla
de diversas maneras” Cfr. nn. 52-54; 55-57.
5 CG 34, D. 2, n. 15.
6 CG 32, D. 2, n. 19.
7
Exposcit Debitum (1550), § 3 (MHSI 63, 375).
8 BENEDICTO XVI,
Discurso a la Congregación General 35ª de la Compañía de Jesús (21 febrero 2008), §2
(Discurso).
9
Discurso, §2.
10 CG 34, D. 3, n. 7.
11 CG 34, D. 4, nn. 19-24.
12
Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 575.
13 Lc 4, 16 ss.
14 JUAN PABLO II,
Tertio Millennio Adveniente, §§ 11-13.
15 2 Cor 5, 19; Ef 2, 16.
16
Exposcit Debitum (1550), § 3 (MHSI 63, 376).
17
Discurso, § 3.
18 2Cor 5, 19.
19
Constituciones, 655-659.
20
Discurso, § 6.
21 Cf. BENEDICTO XVI,
Deus Caritas est (2005), 25.
22
Discurso, § 2.
23
Discurso, § 3.
24
Discurso, § 4.
25
Ejercicios Espirituales, 15
26 Cf. CG 34, D. 5, n. 4: diálogos de vida, acción, experiencia religiosa e intercambio teológico.
27
Discurso, § 8.
28
Discurso, § 8.
* Nota del traductor: Con la expresión
“incidencia política” nos referimos al término inglés
advocacy. Bajo
esta palabra se agrupan todos los esfuerzos por influir y alterar las políticas de estados y organismos
internacionales de manera que favorezcan a las poblaciones desfavorecidas.
29 JUAN PABLO II,
De la justicia de cada uno nace la paz para todos, Jornada mundial por la paz (1 de enero de
1998), § 3.
30 CG 34, D. 20, n.2.
31 Peter-Hans KOLVENBACH S.I.,
Vivimos en un mundo roto. Introducción, Promotio Iustitiae 79, Abril, 1999.
32 BENEDICTO XVI,
Mensaje para la Jornada mundial de la paz (1 Enero 2008), § 7.
33
Ejercicios Espirituales, 23.
34
Ejercicios Espirituales, 230-237.
35 BENEDICTO XVI,
Mensaje para la Jornada mundial de la paz (1 Enero 2008), § 7.
36 BENEDICTO XVI,
Mensaje para la Jornada mundial de la paz (1 Enero 2008), § 7.
37 CG 34, D. 21.
38 CG 35, D. 5, nn. 12, 18 -21.
39 CG 34, D. 21, n. 28.
40 Peter-Hans KOLVENBACH S.I.,
Felicitación de Navidad y Año Nuevo: Nuestras preferencias apostólicas (1 de
enero de 2003), AR 23,1 (2003) 31-36:
“La selección de las prioridades apostólicas [se ha llevado a cabo]
señalando en un discernimiento orante algunas necesidades más importantes, urgentes o universales, o a las que
la Compañía está más llamada a responder”.
41 BENEDICTO XVI,
Alocución en la Pontificia Universidad Gregoriana (3 Noviembre 2006), AR 23,4 (2006)
703-704.
42
Constituciones, 603, 8.
43 Cfr. CG 34, D 22.
44 Cfr. Peter-Hans KOLVENBACH S.I.,
Sur la vie communitaire (12 marzo 1998), AR 22 (1996-2002) 276-289.