1.- Dado que la obediencia es central para la misión y unidad de la Compañía y porque
un especial vínculo de obediencia une a la Compañía con el Santo Padre,
“sucesor de Pedro y
Vicario de Cristo en la tierra”, como S. Ignacio acostumbraba a decir, la Compañía de Jesús
debe profundizar y renovar constantemente su vida de obediencia. Las cuatro últimas
Congregaciones Generales no permanecieron en silencio sobre este tema y la CG 35ª
confirma sus directrices y normas
1. Sin embargo, sentimos la necesidad de añadir una palabra
de ánimo y de consejo acomodada a las circunstancias actuales y de respuesta a la petición
del Papa para que tratemos sobre el cuarto voto
2. Comenzamos, para hacerlo tal como nos
enseñó el Concilio Vaticano II
3, con una reflexión sobre la Sagrada Escritura y el carisma de
nuestro Fundador.
La experiencia de San Ignacio y de los primeros compañeros
2.- Encontramos los orígenes de la mística del servicio de San Ignacio y de sus primeros
compañeros en su experiencia de los Ejercicios Espirituales. En las meditaciones de la
primera semana
4 experimentaron el amor misericordioso de Dios que les alcanzaba en Cristo.
En las contemplaciones de la segunda semana y, especialmente, en la invitación del Rey
Eternal
5 se sintieron llamados a “
hacer oblación de mayor estima y momento… ofreciendo
sus personas al trabajo”6. En la meditación de las Dos Banderas
7, pidieron ser puestos bajo la
bandera de Cristo para
“poner en práctica su unión con Cristo y su poder como una gracia del
Espíritu del Señor”8. Cada uno de ellos desea sentir que
“piensa con los pensamientos de
Cristo, quiere con la voluntad de Cristo y recuerda con la memoria de Cristo; es decir, que es
y vive y actúa no ya como él mismo sino totalmente en Cristo”9.
3.- El deseo profundo de los primeros compañeros de acompañar a Cristo y de
desgastarse en su servicio para que todos los hombres y mujeres pudieran ser salvados y
liberados de su sufrimiento y esclavitud, tomó forma concreta en el voto que hicieron en
Montmartre en 1534. Prometieron ponerse a disposición del Papa, si su plan de viajar a Tierra
Santa no llegaba a buen término, para que los emplease en lo que juzgase ser de más gloria de
Dios y utilidad de las almas
10. Este ofrecimiento de los primeros compañeros fue confirmado
en la visión de La Storta donde el Padre Eterno, a través de Ignacio, los dio a su Hijo como compañeros y prometió serles propicio en Roma
11. De este modo Dios respondió a su oración
incesante, por intercesión de la Virgen María, de ser puestos con el Hijo.
4.- Cuando el Papa decidió enviar a los primeros compañeros en diversas misiones que
supondrían la separación entre unos y otros, se preguntaron si se unirían como un cuerpo.
Según la Deliberación de los primeros padres, decidieron por unanimidad, después de
oración y discernimiento, constituirse en un cuerpo en el cual cada uno se ocupara de los
demás, fortaleciendo sus lazos de unión por medio de mutuo conocimiento y compartiendo
cada uno las vidas de los otros
12.
5.- Ya en 1537, antes de su ordenación sacerdotal, los primeros compañeros habían hecho
voto de pobreza y de castidad. Ahora, en 1539, vinieron a preguntarse si harían o no un voto
de prestar obediencia a uno del grupo, al mismo tiempo que dedicaban toda su voluntad,
pensamiento y fuerzas a llevar a cabo los encargos que habían recibido del Papa. Su respuesta
a esta cuestión fue también afirmativa. Después de oración y discernimiento concluyeron que
hacer voto de obediencia a uno de ellos les llevaría “
a seguir la voluntad de Dios en todo con
mayor certeza y con mayor alabanza y mérito”13.
6.- La bula papal
Regimini Militantis Ecclesiae es la confirmación de la Iglesia a esta
experiencia fundacional. Esta es la razón por la que el único modo en que la Compañía puede
ser fiel a la experiencia histórica y mística de los primeros compañeros es
“servir al solo
Señor y a la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano Pontífice Vicario de Cristo en la tierra”14.
7.- El objetivo de la formación espiritual diseñado en las Constituciones es preparar a los
jesuitas en formación para la vida apostólica en la Compañía y disponer la vida apostólica del
cuerpo de la Compañía para la misión. La tercera parte de las Constituciones introduce al
novicio al discernimiento espiritual y apostólico. Le confronta con las exigencias de una vida
vivida formando parte de un cuerpo al servicio del apostolado y le ofrece la oportunidad de
crecer en la fe y en la confianza en el Señor, de conocer los obstáculos para su crecimiento
humano y espiritual y de servirse de los instrumentos espirituales para superarlos
15.
8.- La sexta y séptima partes de las Constituciones están dirigidas a los jesuitas formados
y proponen las virtudes fundamentales de la vida apostólica en la Compañía: la
discreta
caritas y el
magis16. La sexta parte insiste en que el amor apasionado por Cristo debe
encarnarse en la obediencia al Papa y a los superiores de la Compañía, cuyos encargos el
jesuita formado obedece como venidos de Cristo porque los obedece por amor de Cristo
17.
Toda la parte séptima es una demostración del principio fundamental de la obediencia, el
magis. Aquí el énfasis se pone en el discernimiento, la libertad y la creatividad en la
búsqueda de la voluntad de Dios y en la entrega a la acción apostólica
18. Así la fidelidad a la
obediencia viene a ser el camino por medio del cual el jesuita encarna los valores del Evangelio y de los Ejercicios Espirituales: disponibilidad para estar al servicio del Reino de
Dios y libertad para ser un
“hombre para los demás”.
Aspectos teológicos de la obediencia
9.- Nuestra obediencia busca, ante todo, cumplir la voluntad de Dios y su fundamento es
el amor personal a Jesucristo que se ha dignado escogernos por compañeros suyos. El
Espíritu Santo, que gratuitamente ha derramado en nuestros corazones este amor, suscita en
nosotros el deseo de identificarnos con Cristo y nos da la fuerza necesaria para tener sus
mismos sentimientos
19. Este deseo de
“vestirse de la misma vestidura y librea de su Señor”20
nos sitúa en la mística del tercer grado de humildad
21.
10.- Nuestros votos religiosos nos ponen junto al Señor y nos conducen a seguirle en su
fidelidad a la misión que el Padre le encomendó de anunciar el Reino. Desde el primer
momento de su existencia la vida de Jesús se orienta al Padre:
“Aquí estoy para hacer tu
voluntad”22. Jesús no tiene otro “
alimento que hacer la voluntad del Padre”23. Sabiéndose
enviado por el Padre
“para que todos tengan vida eterna”24, Jesús no actúa por sí mismo sino
que hace
“lo que ve hacer al Padre”25.
11.- Porque su misión entró en conflicto con el pecado y la injusticia de los hombres, su
fidelidad condujo a Jesús a la muerte y
“una muerte de cruz”26, venciendo incluso su
resistencia y su debilidad:
“¡Abbá, Padre! No sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú”27.
Jesús se convierte en fuente de salvación para todos por su cumplimiento de la voluntad del
Padre.
“Aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la
perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen”28.
12.- Estar unidos a Cristo como compañeros suyos en obediencia a la voluntad del Padre
nos permite convertirnos en servidores de su misión evangelizadora. La obediencia nos libera
para entregarnos exclusivamente al servicio del Evangelio. Liberándonos de nuestro propio
“amor, querer e interesse”29, la obediencia nos permite dedicarnos exclusivamente a lo que
Dios ama y a aquellos que son objeto del especial cuidado de Dios.
13.- Estar unidos a Cristo, como sus compañeros, en la obediencia y en la misión, en
pobreza y castidad, nos hace testigos del Reino y de sus valores
30. Al mismo tiempo que
estamos ya ayudando al crecimiento del Reino en este mundo, esperamos su plenitud como
un don que sólo Dios puede dar. Renunciando a usar de los bienes de este mundo como si
fueran nuestros, y poniendo nuestros afectos y nuestra entera libertad al servicio del Reino,
contribuimos a hacer que el Reino que esperamos sea una realidad aquí y ahora.
14.- La encarnación del Hijo de Dios en la historia humana nos llama a ver a Dios en todas
las cosas y nos conduce a vislumbrar que puede servirse de ellas para llevar adelante su obra
salvadora. De ahí que nuestro discernimiento no puede hacerse sin atender a las circunstancias
histórico-sociales y personales, pues es en medio de ellas donde Dios nos llama a cumplir su
voluntad.
15.- Pero las realidades de este mundo no siempre expresan la bondad del Dios que las creó,
sino que a veces, violentadas por el pecado y el mal, se convierten para nosotros en
impedimentos para responder a las llamadas del Señor. Por eso no estará ausente de nuestro
seguimiento cierto grado de participación en la
kenosis31 de Jesús. También nosotros, como Él,
gastamos nuestra vida cada día, entregados confiadamente a la voluntad de Dios de cuyo amor
hemos recibido tantas pruebas incluso aunque, a veces, pueda parecer alejado de nosotros
32 o
escondido en las consecuencias del pecado
33.
16.- Por su resurrección el Señor continúa presente en la Iglesia por el Espíritu y a través de
la Iglesia continúa haciendo oír su voz.
“Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y
quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza”34. La Iglesia es la mediación de la Palabra de
Dios y sacramento de nuestra salvación, a pesar de las imperfecciones de sus hijos. Por medio
de la Iglesia el cristiano encuentra a Dios y es precisamente para servir a Dios por lo que
profesamos obediencia en la Iglesia. Y en la Iglesia, la Compañía es un lugar privilegiado
donde se manifiesta la voluntad de Dios; así, es para nosotros camino para ir a Dios
35.
17.- Sólo podemos vivir nuestro voto de obediencia como libertad y verdadera
autorrealización si somos capaces de mantener viva la experiencia mística de un apasionado
amor por Cristo, el enviado del Padre y obediente a su voluntad, y renovar cada día nuestro
compromiso incondicional de ser sus compañeros. Será precisamente nuestro amor por
Jesucristo lo que hará fructífero nuestro trabajo al servicio de nuestra misión porque
“los
medios que juntan el instrumento con Dios y le disponen para que se rija bien de su divina
mano, son más eficaces que los que le disponen para con los hombres”36.
Nuestro contexto contemporáneo y sus retos
18.- Muchos valores positivos apreciados por nuestros contemporáneos son esenciales
para vivir la obediencia religiosa de acuerdo con nuestro modo de proceder de jesuitas:
respeto por la persona y por los derechos humanos, buena disposición para entablar un
diálogo caracterizado por la libertad de expresión, por la apertura a alternativas creativas, por
los deseos de construir comunidad y el anhelo de vivir para algo más grande que uno mismo.
Pero nuestra cultura también se caracteriza por una tendencia a exagerar la autosuficiencia y
el individualismo que hace difícil la obediencia religiosa.
19.- La fe en Jesucristo nos enseña que la propia realización nace de darse a sí mismo; que
la libertad no consiste tanto en la posibilidad de elegir como en la capacidad de ordenar
nuestras elecciones al amor. A su vez, el amor a Jesucristo y el deseo de seguirle nos llaman a
comprometernos con Él con confianza. El compromiso con la Palabra encarnada no puede
separarse del compromiso con las mediaciones concretas de la Palabra que son el centro de nuestras vidas, la Iglesia y la Compañía, que existe para servir a la Iglesia. A veces, sin
embargo, nuestro deseo de comprometernos con el Señor en una relación de entrega personal
no corre parejo con el deseo de comprometernos con la Iglesia o con el cuerpo de la
Compañía y su modo de proceder.
20.- Un exagerado deseo de autonomía ha llevado a algunos a diversas expresiones de
autosuficiencia y falta de compromiso: falta de disponibilidad para con nuestros superiores,
falta de prudencia en la expresión de nuestras opiniones, falta de espíritu de colaboración en
nuestra relación con la iglesia local e incluso desafección de la Iglesia y de la Compañía.
Algunos han usado el lenguaje del discernimiento para justificar el deseo de elegir su propio
destino, olvidando que en la Compañía el discernimiento es discernimiento del cuerpo que
tiene en cuenta una multiplicidad de voces pero que sólo llega a su final cuando el superior
confía la misión.
21.- Los modos de comportarse en nuestro mundo tienen también sus efectos en el
ejercicio de la autoridad. La manera en que nuestro mundo valora la productividad puede
conducir al exceso de trabajo y éste a la dispersión y a la falta de atención a las personas.
Ejercer la autoridad puede convertirse en ejercer el poder marginando a los demás, o en la
exigencia de ser obedecido, no acompañada de una suficiente buena disposición para
escuchar. Sabemos que estas tendencias desfiguran muchas estructuras y relaciones en
nuestro mundo; no podemos pensar que nosotros somos inmunes a su influencia cuando la
obediencia nos coloca en puestos de autoridad en la Compañía o en instituciones a través de
las que la Compañía desarrolla su misión.
22.- Todo esto está a nuestro alrededor y dentro de nosotros. De cualquier modo, muchas
de estas actitudes se hallan lejos del espíritu del Evangelio, lejos del espíritu de obediencia
que la Compañía desea fomentar en sus miembros y lejos del ideal de obediencia que
presupone nuestro modo de proceder.
Algunos aspectos específicos de la práctica de la obediencia en la Compañía
23.- La práctica de la obediencia en la Compañía tiene sus raíces en la experiencia
espiritual de Ignacio y sus primeros compañeros. Unidos por su experiencia compartida de
los Ejercicios Espirituales, llegaron también a tener una única meta: ser enviados en misión a
imagen del Hijo y así servir al Señor como sus compañeros. La práctica de la obediencia en la
Compañía se basa en el deseo de ser realmente enviados, de servir sin reservas y de
establecer vínculos de unión aún más estrechos entre nosotros mismos
37.
24.- Estas tres líneas se enlazan en la cuenta de conciencia. Por esta razón la cuenta de
conciencia es esencial en la práctica de la obediencia en la Compañía
38. El jesuita sujeto a
obediencia revela todo lo que sucede en su alma, las gracias que recibe y las tentaciones que
soporta, de modo que su superior pueda enviarle en misión con más prudencia y seguridad.
La cuenta de conciencia se renueva cada año, de modo que el jesuita y su superior pueden
evaluar y confirmar la misión juntos.
25.- Este grado de transparencia sólo es posible porque nuestros superiores son también
nuestros compañeros. Ignacio quería que los superiores amaran a sus compañeros. Amar es
actuar responsablemente. El jesuita para obedecer asume la responsabilidad de ser con atención y de dialogar con él con sinceridad. Esto es especialmente verdad cuando el
jesuita manifiesta humildemente, representando ante su superior, las dificultades que tiene
con la misión que ha recibido, un modo de proceder que Ignacio valoraba y recomendaba
39.
26.- La confianza que define la obediencia es mutua. Los jesuitas al obedecer hacen un
acto de confianza en el superior y el superior hace un acto de confianza en ellos cuando les
confía una misión. Esta confianza se basa en que el superior considera que el jesuita es
alguien que practica el discernimiento: esto es, alguien que busca la familiaridad con el Señor
en la oración, que desea estar libre de afecciones desordenadas y que de este modo se abre a
sí mismo a la guía del Espíritu porque desea siempre descubrir la voluntad de Dios.
27.- Porque Ignacio conocía y confiaba en el deseo orante de los jesuitas que enviaba en
misión, dejaba muchas cosas a su discreción
40. Siguiendo el ejemplo de Ignacio, la Compañía
espera que los jesuitas sean creativos en el desempeño de su misión según vean lo que piden
las circunstancias y yendo más allá de lo que se les ha encomendado movidos por un
verdadero espíritu del
magis41. Así la confianza del superior se convierte en una efectiva
delegación y el jesuita, al obedecer, sabe que puede confiar en que su superior va a acoger
con receptividad las iniciativas creativas que él pueda proponer
42. Por este motivo la
obediencia en la Compañía ha sido descrita con razón como un ejercicio de
fidelidad
creativa43. Es creativa porque implica la libertad de la persona y que ésta ponga en juego
todas sus capacidades. Es fiel porque pide una respuesta generosa a las indicaciones del
superior cuya responsabilidad es tomar decisiones
“mirando el fin de las Constituciones que
es el mayor servicio divino y bien de los que viven en este Instituto”44.
28.- No sería completo considerar que la práctica de la obediencia se limita a la relación
entre el superior y el jesuita. La comunidad también tiene un papel que desempeñar.
Obedecemos a nuestros superiores como cuerpo, de modo que nuestra vida comunitaria
puede apoyar eficazmente nuestra misión y convertirse en un signo de que la comunión entre
los hombres es posible, en un mundo tan profundamente necesitado de ella
45. Pero la
comunidad es también un lugar privilegiado para la práctica del discernimiento apostólico,
sea a través de la deliberación comunitaria formalmente estructurada
46 o mediante
conversaciones informales cuya meta sea la búsqueda de la mayor eficacia en la misión. Este
discernimiento nos ayudará no sólo a aceptar con gusto nuestra misión personal sino también
a alegrarnos de la misión recibida por nuestros compañeros y a apoyarles en ella. De este
modo, nuestra misión se verá reforzada y la unión de mentes y corazones será más firme y
más profunda.
29.- Para Ignacio y para el jesuita la obediencia también es gracia y don. Es un camino al
que hemos sido llamados por el Señor y es el Señor mismo el que nos concede seguirlo en su servicio. Una historia personal de respuesta generosa a la gracia de la obediencia, permite al
jesuita un servicio alegre y fecundo.
El cuarto voto de obediencia al Santo Padre respecto a la misión
30.-
“Del deseo de servir a la Iglesia de la manera más útil y eficaz47” compartido por
Ignacio y sus primeros compañeros nació el ofrecimiento de sí mismos al Vicario de Cristo
para la misión. Por medio de este cuarto voto pronunciado por los profesos es todo el cuerpo
de la Compañía quien se pone a disposición del ministerio de Pedro para
“repartirse en la
viña de Cristo Nuestro Señor”48 y alcanzar así su mejor disponibilidad a la voluntad de Dios y
ofrecer a la Iglesia su mejor servicio.
31.- El cuarto voto, que el mismo Ignacio definió como
“nuestro principio y principal
fundamento”49, expresa lo que es específico de la Compañía: la total disponibilidad para
servir a la Iglesia allá donde el Santo Padre nos envíe. Por otra parte, pone en claro el lugar
de la Compañía en la Iglesia, pues el cuarto voto proporciona a la Compañía su inserción
estructural en la vida de la Iglesia al entroncar en la persona del Papa el carisma como orden
religiosa apostólica y la estructura jerárquica de la Iglesia. A través de este voto, la Compañía
participa de la misión universal de la Iglesia al tiempo que queda garantizada la universalidad
de su misión. Misión que desarrolla al servicio de las Iglesias locales en una variada gama de
ministerios.
32.- De acuerdo con las Constituciones
“toda la intención de este cuarto voto de obedecer al
Papa era y es acerca de las misiones… para ser esparcidos en varias partes del mundo”50. Esta
es la materia del voto. Sin embargo las Constituciones también nos invitan a señalarnos en la
obediencia
“no solamente en las cosas de obligación, pero aun en las otras, aunque no se viese
sino la señal de la voluntad del superior sin expreso mandamiento”51. Lo que es muy
congruente con el ideal de obediencia de Ignacio que mantiene que
“es imperfecta la
obediencia en la cual, sin la ejecución, no hay esta conformidad de querer y sentir entre el que
manda y obedece”52.
33.- La disponibilidad prometida en el cuarto voto es distinta de la espiritualidad ignaciana
acerca del “
sentido verdadero que en la Iglesia debemos tener” o
sentire cum ecclesia53. Sin
embargo ambas se enraízan en el amor con el que amamos a Cristo Nuestro Señor, que se
prolonga en nuestro amor a la Iglesia y a aquel que “
tiene lugar de Cristo Nuestro Señor para
con nosotros”54. Esta es la razón por la que hablamos de estar unidos efectiva y afectivamente con el Papa. Tanto el cuarto voto como nuestra espiritualidad eclesial nos mueven a ofrecer el
servicio que el Papa nos pide
55.
34.- La Compañía agradece profundamente a Dios su vocación de servir a la Iglesia y recibe
consolación de las innumerables muestras de la generosidad de los jesuitas que alrededor del
mundo entregan su vida como servidores de la misión de Cristo, disponibles a los encargos del
Santo Padre y colaborando con las iglesias locales bajo la guía de sus pastores. En nombre de
toda la Compañía la Congregación General 35ª pide perdón al Señor por aquellas veces en que
a alguno de sus miembros le ha faltado amor, discreción o fidelidad en el servicio de la Iglesia,
al tiempo que afirma su compromiso de acrecentar cada día su amor a la Iglesia y su
disponibilidad para con el Santo Padre.
La obediencia en la vida de cada día
35.- La Congregación no quiere repetir lo que establecen las Constituciones y sus Normas
Complementarias ni las disposiciones sobre obediencia de las Congregaciones Generales
precedentes. Pero desea recoger algunos consejos que pueden servirnos de ayuda en las
presentes circunstancias para que, según la recomendación de S. Ignacio
56, nos sigamos
señalando en la perfección de la obediencia.
Jesuitas en formación
36.- La Congregación General 35ª invita a los jesuitas en formación a vivir con gozo su
incorporación progresiva a la Compañía reproduciendo la experiencia fecunda de los primeros
compañeros de formar un grupo de amigos en el Señor y entregando sus vidas con generosidad
en servicio de hombres y mujeres, especialmente de los más desfavorecidos.
37.- Animamos a los jesuitas en formación a crecer a lo largo de las etapas de formación en
la espiritualidad de la obediencia y en disponibilidad para poner su vida y su libertad al servicio
de la misión de Cristo. Bueno será que aprovechen las oportunidades que, sin duda, les
proporcionará la vida comunitaria, la dedicación constante y rigurosa a los estudios y otras
circunstancias de la existencia para practicar la abnegación de sí mismos. La abnegación,
“fruto
del gozo que procede de la presencia del Reino y de la progresiva identificación con Cristo”57,
es una virtud que les será bien necesaria para asumir con paz las exigencias de la obediencia,
ocasionalmente difíciles.
38.- Animamos a los formadores a ayudar a los jesuitas en formación a comprender y vivir
las raíces místicas de la obediencia: un amor incondicional al Señor que les llevará a un deseo
de seguirle en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Pedimos a los formadores que
atiendan a que los jesuitas en formación vayan tomando conciencia progresivamente de los
requisitos de una vida de obediencia: transparencia con sus superiores, aprecio por la cuenta de
conciencia, ejercicio responsable de la iniciativa personal y espíritu de discernimiento que
acepta con agrado las decisiones del superior.
39.- La espiritualidad y la tradición de la Compañía requiere que los jesuitas en formación y
sus formadores estén imbuidos de un espíritu de obediencia al Papa como algo esencial a la
misión y a la identidad de la Compañía. La formación espiritual y eclesial de los jesuitas ha de
acentuar la disponibilidad para la misión y “
el sentido verdadero que en el servicio de la Iglesia
debemos tener” tal como establece la Congregación General 34
58.
Jesuitas formados
40.- La Congregación General 35ª invita a los jesuitas formados a crecer en libertad interior
y en confianza en Dios. Así acrecentarán su disponibilidad para ir a cualquier parte del mundo,
cualquiera que sea el apostolado, y para ejercer los ministerios de interés más universal o de los
que se espera mayor fruto
59.
41.- La Congregación apremia a todos los jesuitas a fortalecer su afecto por el Santo Padre y
su respeto por los pastores de la Iglesia y a corregir los fallos que puedan existir a este respecto.
42.- Así mismo les anima a reconocer gozosamente agradecidos el servicio que prestan a la
Compañía los superiores locales y los superiores mayores y a apoyarles en su tarea.
43.- Es de vital importancia que todos los jesuitas consideren la cuenta de conciencia
esencial para la práctica de la obediencia y la cumplan siguiendo las directrices expuestas por
el P. Kolvenbach en su c
arta a la Compañía del 21 de febrero de 2005. Dado que
“la misión
se da, se confirma o se cambia”60 en la cuenta de conciencia, ésta debe darse en principio al
Superior Mayor. Con todo, como dice la carta,
“un jesuita puede siempre abrir su conciencia
a su superior local, y éste puede pedírsela, dado el caso”61.
44.- Los jesuitas consulten con el superior local todas las cuestiones que son de su
competencia sin llevarlas directamente al superior mayor.
45.- En las circunstancias actuales no es infrecuente que los jesuitas se encuentren
trabajando en un apostolado de la Compañía bajo un director de obra que puede ser o no
jesuita. En ambos casos los jesuitas prestan al director completa y leal colaboración en lo que
afecta a la misión recibida y se esfuerzan en contribuir a mantener la identidad y la misión
jesuítica de la institución.
46.- La Congregación General desea expresar su profunda gratitud a los jesuitas formados
de avanzada edad que han entregado sus vidas en servicio de la Iglesia. Deseamos recordarles
que están tan cercanamente identificados con el Señor cuando le sirven con menos energías o
incluso en la enfermedad y en el sufrimiento como cuando
“proclamaban el Reino por villas y
castillos62”. Aquellos, cuya principal tarea es orar por la Iglesia y por la Compañía, desempeñan
también nuestra misión, y su contribución al buen ser de la Compañía y su servicio al Reino
nunca será apreciado en demasía, dado que proporcionan un ejemplo de ponerse en las manos
de Dios que sólo puede animar y consolar a sus hermanos.
Superiores
47.- La Congregación General anima a los superiores mayores a desempeñar su papel con
confianza y alegría, a dar a los jesuitas su misión con claridad y a mostrar interés y
preocupación por los jesuitas a los que envían en misión.
48.- Los superiores mayores, al nombrar directores de obra que no sean jesuitas, atiendan no
sólo a las competencias profesionales del candidato sino también a su comprensión y a su
compromiso con nuestra misión y modo de proceder.
49.- Recomendamos a los superiores mayores que, de acuerdo con el principio de
subsidiariedad, respeten el ámbito de decisión propio del superior local.
50.- La Congregación General quiere poner de relieve una vez más la importancia de la
figura de los superiores locales. Conviene que éstos reciban la formación y preparación
necesaria para su misión. A este respecto los superiores mayores son responsables de ofrecer
cursos regulares y oportunos que preparen a los superiores locales.
51.- El superior local comparte con toda la comunidad la responsabilidad del cuidado y
formación de los jesuitas que no han pronunciado todavía los últimos votos. Los superiores
tengan especial cuidado de pedirles cuenta de conciencia dos veces al año, de prever la
renovación de los votos y de asegurar un ambiente de comunidad que anime al jesuita en
formación a crecer como persona y como religioso.
52.- Conviene que la vida de comunidad esté regida por directrices claras. El superior local
colabore con sus hermanos en el trabajo y elaboración de un proyecto comunitario y de las
directrices de la vida común, cuyo cumplimiento conviene que sea evaluado con ocasión de la
visita anual del superior mayor o en otra ocasión propicia
63.
Conclusión
53.- Durante su camino como peregrino desde Loyola a Roma, Ignacio oró sin descanso a
María, Nuestra Señora, pidiéndole la gracia de ser recibido bajo la bandera de su Hijo
64. En
su
“he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra"65, la Virgen María nos
muestra cómo vivir en total disponibilidad y poner nuestras vidas por completo al servicio de
su Hijo. En su recomendación a los sirvientes en Caná,
“haced lo que Él os diga”66, la Virgen
María nos señala la orientación básica que ha de guiar nuestras vidas. Por esta razón, la
Compañía ha visto siempre en María un modelo de obediencia.
54.- Con la intercesión de María, la Madre del Señor, de S. Ignacio y de un gran número
de compañeros que han vivido su vida de obediencia con un amor tan profundo que les ha
llevado a veces hasta el martirio, la Compañía se consagra de nuevo a la práctica de la
obediencia
“para el mayor servicio de Dios y para el mayor bien universal”67.
1 Véase
Normas Complementarias [NC] 149-156 y 252-262; CG 31, D. 17; CG 32, D. 11; CG 34, D. 11.
2 Cf. Peter-Hans KOLVENBACH,
Respuesta del Santo Padre (21 febrero 2007), Carta a todos los Superiores
Mayores y a los electores de la CG 35ª, 2007/03.
3 Concilio Vaticano II,
Perfectae Caritatis, 2.
4
Ejercicios Espirituales, 45-47.
5
Ejercicios Espirituales, 91-100.
6
Ejercicios Espirituales, 97 y 96.
7
Ejercicios Espirituales, 136.
8 Jerónimo NADAL,
Orationis Observationes, § 308, Miguel Nicolau (edit.), Roma, IHSI, 1964, p. 122,
9 Jerónimo NADAL,
Orationis Observationes, § 308, Miguel Nicolau (edit.), Roma, IHSI, 1964, p. 122.
10
Autobiografía, 85.
11
Autobiografía, 96; Jerónimo NADAL,
Exhortationes in Hispania (1554), §16 (MHSI 66, 313); Diego LAYNEZ,
Adhortationes in librum Examinis (1559), § 7 (MHSI 73, 133).
12
Deliberatio primorum Patrum (1539), § 3 (MHSI 63, 3-4).
13
Deliberatio primorum Patrum (1539), § 4 (MHSI 63, 4).
14
Fórmula del Instituto, Exposcit Debitum (1550), § 3 (MHSI 63, 375).
15
Constituciones, 260; NC 45 § 1; CG 32, D. 6, n. 7.
16
Constituciones, 582.
17
Constituciones, 547, 551.
18 La instrucción de Ignacio al jesuita enviado para ser Patriarca de Antioquia refleja el tono de la Parte Séptima: “Todo esto propuesto servirá de aviso; pero el Patriarca no se tenga por obligado de hazer conforme a esto, sino conforme a lo que la discreta charidad, vista la disposición de las cosas presentes, y la unctión del Santo Spiritu, que principalmente ha de enderezarle en todas cosas, le dictare” (MHSI 36, 689-690).
19 Flp 2,5.
20 Constituciones, 101.
21 Ejercicios Espirituales, 167.
22 Hb 10, 7.
23 Jn 4, 34.
24 Jn 6, 40.
25 Jn 5, 19.
26 Flp 2, 8.
27 Mc 14, 36.
28 Hb 5, 9.
29 Ejercicios Espirituales, 189.
30 Lumen Gentium, 44.
31 Flp 2, 5-8.
32 Mt 27,46 y Mc 15,34.
33 Ejercicios Espirituales, 196.
34 Lc 10, 16.
35 Fórmula del Instituto, Exposcit Debitum (1550), § 3 (MHSI 63, 376).
36 Constituciones, 813.
37 NC 149-156.
38 NC 155 § 1.
39 Constituciones, 543, 627.
40 Constituciones, 633-635.
41 Constituciones, 622-623.
42 CG 31, D. 17, n. 11.
43 Esto nos lleva a considerar el significado de las frases “perinde ac cadaver” y “como bastón de hombre viejo”. El contexto muestra claramente que obedecer no es quedarse sin vida, sino que es ofrecerse a sí mismo para ser conducido por la misión que confiere el superior. “Porque así el obediente para cualquiera cosa en que le quiera el Superior emplear en ayuda de todo el cuerpo de la religión, debe alegremente emplearse” (Constituciones, 547).
44 Constituciones, 746.
45 Peter-Hans KOLVENBACH, “Sur la vie communautaire” (12 marzo 1998), AR 22 (1996-2002) 276-289.
46 NC 150-151.
47 BENEDICTO XVI, Discurso a los miembros del Compañía de Jesús (22 abril 2006), AR 23,4 (2006) 680.
48 Constituciones, 604.
49 Declarationes circa missiones (1544-1545) (MHSI 63, 162); Pedro FABRO, Memorial, n. 18 (MHSI 68, 498): CG 31, D. 1, n. 4.
50 Constituciones, 529 y 605.
51 Constituciones, 547. Aunque aquí las Constituciones se refieren a la obediencia a los superiores jesuitas, la CG 31, D. 17, n. 10 aplica la cita a la obediencia al Papa. “Esforcémonos con toda el alma en esta virtud de la obediencia, pues en ella quiso nuestro Padre San Ignacio que todos nosotros descollásemos. En primer lugar obediencia al Sumo Pontífice, y después a los superiores de la Compañía, y ‘no sólo en las cosas de obligación, pero aún en las otras, aunque no se viese sino la señal de la voluntad del superior, sin expreso mandamiento’”.
52 Constituciones, 550.
53 Ejercicios Espirituales, 352. Cf. CG 34, D. 11. Alocución final del P. Kolvenbach a la 69ª Congregación de Procuradores (Loyola, 23 Septiembre 2003), AR 23, 1 (2003) 431-438.
54 Constituciones, 552.
55 NC 253.
56 “En otras religiones podemos sufrir que nos hagan ventaja en ayunos y vigilias, y otras asperezas que, según su instituto, cada una santamente observa; pero en la puridad y perfección de la obediencia, con la resignación verdadera de nuestras voluntades y abnegación de nuestros juicios, mucho deseo, hermanos carísimos, que se señalen los que en esta Compañía sirven a Dios nuestros Señor” Carta a los jesuitas de Portugal (26 de marzo 1553) (MHSI 29, 671).
57 NC 223 § 4.
58 CG 34, D. 11.
59 Constituciones, 622.
60 Peter-Hans KOLVENBACH, “Le compte de consciente” (21 Febrero 2005), AR 23,1 (2003) 558.
61 Peter-Hans KOLVENBACH, “Le compte de consciente” (21 Febrero 2005), AR 23,1 (2003) 558; Directrices para los superiores locales, 16, AR 22 (1996-2002) 399.
62 Ejercicios Espirituales, 91.
63 NC 319, 324.
64 Ejercicios Espirituales, 147.
65 Lc 1,38.
66 Jn 2,5.
67 Constituciones, 618 y 622.