JESUITAS ARAGÓN

 

SER JESUITA HOY

A un joven que quisiera ser jesuita, el P. PEDRO ARRUPE sj., quien fue superior General de la Compañía entre 1965 y 1983, le diría: 



Quédate en tu casa si esta idea te pone inquieto y nervioso. No vengas a nosotros si es que amas a la Iglesia como a una madrastra y no como a una madre; no vengas si piensas que con ello vas a hacer un favor a la Compañía de Jesús. Ven si para ti el servicio a Cristo es el centro de tu vida. Ven si tienes unas espaldas anchas suficientemente fuertes, un espíritu abierto, una mente razonablemente abierta y un corazón más grande que el mundo. Ven si sabes ser bromista y reírte con otros y... en ocasiones reírte de ti mismo.

FORMACIÓN DEL JESUITA

Toda la formación de los jesuitas debe preparar hombres de fe, que puedan ser enviados como miembros de la Compañía para el mayor servicio de la Iglesia a situaciones difíciles.

La formación en la Compañía no es para beneficio del propio sujeto, sino para beneficio del prójimo. Por eso, la Compañía opta por una formación de "alta calidad", muy larga, ya que mientras uno mejor se forme, mejor va a poder servir a los demás. La formación de la Compañía se basa en la libertad responsable. Se trata de que los estudiantes jesuitas se formen aprendiendo a decidir lo que es más conforme al servicio de Dios, sin tantas normas externas que pueden nublar u obstaculizar su capacidad a decidir correctamente.

La formación empieza con el noviciado. Esta etapa dura dos años y tiene por objeto establecer los fundamentos principales de la espiritualidad ignaciana y confirmar -desde dentro si la Compañía es para el sujeto y si el sujeto es para la Compañía. En esta etapa uno se hace familiar con Dios en la oración y va conociendo y aprendiendo a querer a la Compañía. El noviciado termina con la confirmación del sujeto de la certeza de su vocación; y si la Compañía lo considera apto, le permitirá hacer los votos de perpetua pobreza, castidad y obediencia.


La siguiente etapa es el juniorado. Es el inicio de la formación intelectual. Dura unos dos años, y en ella se hacen estudios de humanidades: historia, literatura, idiomas, artes, etc., con la intención de sensibilizar al sujeto hacia las diversas dimensiones y complejidades de la vida y expandir su horizonte al deseo de un servicio más universal.

Le siguen los estudios de la filosofía. Tiene una duración aproximada de tres años, y tiene por objetivo enseñar a pensar con lógica y precisión, formar el sentido crítico, abrirse a otras maneras de pensar y preparar las bases para los estudios teológicos.


El magisterio. Normalmente dura dos años y su fin es contribuir a alcanzar una madurez religiosa y apostólica. Es una etapa en donde se interrumpen los estudios y el jesuita se sumerge en la realidad de la vida cotidiana, trabajando en alguna de las obras de la Compañía (usualmente en alguna obra educativa). Es una época de preguntas, cuestionamientos y reformulaciones que sirven para confirmar su vocación y abrir el apetito a los estudios teológicos que siguen.

La teología. Tiene una duración aproximada de cuatro años y se orienta a obtener el bachillerato en teología. Se pretende que los estudios de teología sean de alta calidad ya que serán el medio primero y principal para el trabajo espiritual de la Compañía. Usualmente, al terminar sus estudios teológicos, el estudiante pide ser ordenado sacerdote.

Los estudios especiales. Después de la teología y ya siendo sacerdotes, los jesuitas hacen estudios especiales: doctorados, maestrías o carreras civiles. La duración de esta etapa dependerá de la clase de estudios que se esté realizando.

La tercera probación. Aproximadamente unos quince años después de haber ingresado en la Compañía, todos los jesuitas se someten a una última prueba: la tercera probación. Se trata de una experiencia similar a la del noviciado y de una duración aproximada de 6 meses, en donde se propicia una profunda experiencia de encuentro con el Señor y se renueva la vigencia del llamado a vivir y morir en la Compañía, sirviendo al Señor en la ayuda del prójimo. En esta prueba, la Compañía evaluará, por última vez, la aptitud del sujeto para ser admitido definitivamente en ella.


Los últimos votos. Después de la tercera probación, si el sujeto ha sido considerado apto para ser de la Compañía, ésta lo invitará a hacer sus últimos votos (los mismos que hizo al finalizar el noviciado, pero esta vez públicos y solemnes) y lo admitirá plenamente en ella, como jesuita formado. Hechos sus últimos votos, el jesuita se encuentra listo y dispuesto para ser enviado a trabajar donde la Compañía juzgue que podrá ser de mayor servicio a Dios y bien para el prójimo.

La formación permanente. Pero el jesuita nunca puede dejar de estudiar si pretende colaborar adecuadamente en el trabajo con el Señor. Por eso, si bien la formación formal termina con los últimos votos, para un mejor servicio divino, el jesuita deberá mantenerse actualizado y al tanto del desarrollo del pensamiento y de la reflexión contemporáneos.




 
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